
¿Por qué Jesús debía morir en la cruz?
Una reflexión sobre la crucifixión de Cristo que conecta historia, Escritura y teología para comprender el carácter y propósito de su muerte y su triunfo sobre el mal.

Una reflexión sobre la crucifixión de Cristo que conecta historia, Escritura y teología para comprender el carácter y propósito de su muerte y su triunfo sobre el mal.

Una reflexión cristiana sobre el 8M que propone discernir, afirmar la justicia para la mujer y rechazar lo contrario al evangelio con verdad, gracia y valentía.

Muchas veces podemos idealizar el pesebre y tener una idea pintoresca del nacimiento de Jesús, cuando en realidad fue una manera vulnerable su entrada a este mundo y no menor la forma como se fue del mismo.

Esta situación me preocupa mucho. ¿Dónde estábamos los adultos que criamos a esta generación? ¿No estuvimos en la sobremesa de la cena hablando de estos temas tan comunes y presentes en la televisión y películas que veían nuestros hijos? ¿Acaso no analizamos la música tan sugestiva que escuchaban? ¿No nos percatamos del efecto que tendrían los teléfonos inteligentes en sus manos? Lamentablemente, dejamos que la cultura entrara en sus mentes y corazones y formara su ética.

Las madres damos todo por nuestros hijos, aun desde la etapa de gestación. Con la maternidad la vida cambia totalmente, y eso está bien, es parte de aceptar ese regalo inmerecido de dar vida. Al Señor le plació dar vida a través de mujeres imperfectas y pecadoras que, aunque creadas a su imagen, necesitan redención y salvación.

La ética cristiana se muestra en su esplendor no en los individuos por separado, sino cuando es vivida en comunidad. Somos una familia que modela la realidad del Reino, que muestra los estándares de este y que enfrenta los desafíos que nos presenta la realidad contemporánea sobre la base de la revelación escrita de la palabra de Dios.

Precisamos de hermanos que nos digan lo que necesitamos escuchar, aunque no queramos oírlo. Que el Espíritu nos ayude a ser dóciles con el fin de mejorar nuestro andar delante de Dios.

En un análisis concreto de cómo vivían los primeros cristianos descubrimos que el cristianismo rompía algunos moldes (religiosos y culturales), y hacía énfasis en «la praxis social y de conducta» basada en el compromiso de los seguidores de Cristo. Es decir, la «religión», como se definía en los primeros siglos e incluso hoy —dice Larry W. Hurtado— incidía en lo que llamaríamos «ética», «mandamientos», «comportamiento» o «conducta».