
Cuando la vida se vuelve incómoda: por qué hablar hoy del no nacido, primera parte
Primera parte de una serie sobre el aborto y el no nacido: una reflexión bíblica y cultural sobre el llamado de la iglesia a defender la vida.

Primera parte de una serie sobre el aborto y el no nacido: una reflexión bíblica y cultural sobre el llamado de la iglesia a defender la vida.

En el caso de los proabortistas, y en concordancia con la realidad atemporal de lo dicho por Chesterton, parece que su sendero busca descender hasta lo más bajo. No dan tregua en su búsqueda de volver lo infame, por inverosímil que esto parezca, aceptable y moralmente normal dentro de nuestra sociedad actual. ¿El aborto como “un derecho fundamental”? ¡Qué desfachatez! Frente a semejante escollo, los primeros cristianos tendrían una posición muy clara y definida: ¡no lo aceptarían!

Los casos analizados reafirman nuestra tesis: el aborto es un asesinato. No puede hablarse, por ende, del «derecho al aborto». Eso es una absoluta contradicción en términos. No existe un derecho a hacer algo que vaya en contra de un derecho humano fundamental.

Nuestra tesis es la siguiente: el aborto, en el sentido referido, es un asesinato, dado que el ser humano es tal desde el primer momento de la concepción. Por ello, este delito cae totalmente dentro de aquello que la ley humana debe prohibir, dado que es una grave violación del derecho a la vida.