
Las disciplinas espirituales, parte 3
Parte del propósito del ayuno es apartarse para tener comunión con Dios, buscar su guía y fortalecer el deseo de practicar una auténtica intercesión, como también acrecentar la fe.

Parte del propósito del ayuno es apartarse para tener comunión con Dios, buscar su guía y fortalecer el deseo de practicar una auténtica intercesión, como también acrecentar la fe.

El hombre no fue hecho para estar solo, pues Dios mismo lo dijo antes de la caída (Gn 2:18). ¡Cuánto más ahora tenemos la necesidad de juntarnos con nuestros hermanos y hermanas en Cristo para momentos de comunión! Si un cuchillo no está afilado, sigue siendo un cuchillo, aunque es menos eficaz, menos útil. Así que, nuestra tarea es animarnos a pasar juntos más tiempo, exhortando, animando, orando, amonestando, compartiendo la palabra de Dios, involucrándonos en la vida de otros creyentes, para que así, como láminas de hierro, seamos más afilados en el ministerio que el Señor nos ha asignado, siendo eficaces.

Es precisamente Dios como Trinidad el reflejo perfecto de la comunión, las relaciones y el diálogo. De manera que la comunidad trinitaria experimenta y refleja relaciones mutuas de amor…

Mientras más permanezcamos en comunión con Dios así será la luz que reflejaremos en nuestras relaciones personales y, por el contrario, mientras menos comunión tengamos con el Padre más propensos seremos a actuar según los deseos de nuestra carne pecaminosa.

Precisamos de hermanos que nos digan lo que necesitamos escuchar, aunque no queramos oírlo. Que el Espíritu nos ayude a ser dóciles con el fin de mejorar nuestro andar delante de Dios.