
Quien salva una vida salva el mundo
El gesto de Dios es el de perdonar y de amar la vida oscura de Caín, porque Dios no se rige bajo el signo del hermano asesino, sino bajo el signo del amor, del perdón y la vida.

El gesto de Dios es el de perdonar y de amar la vida oscura de Caín, porque Dios no se rige bajo el signo del hermano asesino, sino bajo el signo del amor, del perdón y la vida.

Las relaciones saludables son un reflejo del diseño original de Dios para la interacción humana. Génesis 2:25 nos dice que el hombre y la mujer no se avergonzaron. Esa apertura fue el resultado de una total confianza y amor mutuo que fue posible debido a una relación perfecta de hombres y mujeres con su Dios creador (Génesis 1-2).

Esta pandemia, sin duda, ha demostrado que la muerte no aparece al final de una vida adulta, sino está desde el momento en que nacemos y que habrá que atravesarla en cualquier momento. Pensar la muerte, en medio del abandono de “nuestros hermanos humanos”, invita a considerar la noche del Getsemaní desde una lectura existencial y teológica.

De la lectura de este pasaje (Mr 3:20-35) surgen más preguntas: ¿quiénes se opusieron a la misión de Jesús de rescatar a las personas de la esclavitud de Satanás? Y, de manera similar, mientras nosotros llevamos a cabo nuestra misión, ¿habrá oposición de Satanás, de los enemigos del evangelio y hasta de personas cercanas?

Nuestra esperanza no es el equivalente a un conjunto de estadísticas recopiladas para predecir el futuro de la crisis. Jesús es el suelo seguro sobre el cual descansa nuestra esperanza.

Jesús ha triunfado. Él ha vencido a la muerte y, por lo tanto, esta ya no tiene poder sobre nosotros tampoco. Es por eso que podemos decir confiadamente que nuestro hermano “duerme” y que un día resucitará así como Jesús.

¡El Dios eterno e infinito, en la persona divina del Verbo, quiso nacer como un bebé! ¡Se convirtió en un paquetito de vida y amor envuelto en pañales y acostado en un pesebre! Fue Dios que dormía en ese pesebre, pero no fue Dios Padre ni fue el Espíritu Santo, sino que fue el Verbo que desde la eternidad quiso nacer entre nosotros. Eso es lo que celebramos cada año en la Navidad.

Es mi deseo que en estos días previos a la celebración de Navidad podamos reflexionar en las implicaciones de la encarnación para nuestro común peregrinar espiritual. Contemplemos con serenidad las palabras del profeta Isaías quien nos abre un panorama inmenso de esperanza y de gracia en un mundo de tanta desgracia

Es necesario estar revisando nuestras imágenes constantemente a la luz de la Palabra y su contexto, ya que es posible que estemos insertando datos ajenos al texto.

La ética cristiana se muestra en su esplendor no en los individuos por separado, sino cuando es vivida en comunidad. Somos una familia que modela la realidad del Reino, que muestra los estándares de este y que enfrenta los desafíos que nos presenta la realidad contemporánea sobre la base de la revelación escrita de la palabra de Dios.

Algunas luces sobre los razonamientos que forjan la ética del NT las encontraremos en las enseñanzas de Jesús reflejadas en los evangelios, y también en los otros textos del NT. La mayor parte de las veces, las descripciones e instrucciones morales presuponen una ética de las que estas derivan.

La praxis salvífica de Jesús manifiesta a un Dios de ternura, de amor, de solidaridad, de cercanía, de salud y bienestar, y esa es su respuesta ante el agudo sufrimiento experimentado en su contexto. Dicha perspectiva bíblico-teológica y pastoral no hace del dolor un camino que otorgue méritos frente a Dios.