
Las bienaventuranzas
En esta ocasión Gonzalo Chamorro y el Dr. David Suazo J., centran su reflexión en la vigencia de las bienaventuranzas en la actualidad.

En esta ocasión Gonzalo Chamorro y el Dr. David Suazo J., centran su reflexión en la vigencia de las bienaventuranzas en la actualidad.

En el nacimiento de Cristo no solo nos relacionamos con él, sino que su nacimiento revela a todo naciente que venir al mundo sigue siendo una alegría y gozo. Y en este viviente se posibilita a todo hombre “nacer de otro modo”: nacer de Dios.

El cristianismo «es una religión eminentemente práctica: su raíz y sus bases son las doctrinas, pero su fruto siempre deberías ser una vida santa: y si queremos saber qué es una vida santa, recordemos a menudo quiénes son los que Jesús llama ‘bienaventurados’»

En su momento nuestro castillo cumplirá su propósito, y no debemos olvidar que siempre el futuro de Dios será mejor, incluso si nuestro nuevo castillo no es tan bueno como el anterior.

Es necesario estar revisando nuestras imágenes constantemente a la luz de la Palabra y su contexto, ya que es posible que estemos insertando datos ajenos al texto.

La ética cristiana se muestra en su esplendor no en los individuos por separado, sino cuando es vivida en comunidad. Somos una familia que modela la realidad del Reino, que muestra los estándares de este y que enfrenta los desafíos que nos presenta la realidad contemporánea sobre la base de la revelación escrita de la palabra de Dios.

El amar, escuchar, servir y testificar son pasos simples que harán que mucha gente se encuentre con la pregunta decisiva de su vida, planteada por el mismo Señor: «Y vosotros, ¿quién decís que soy yo?» (Mt 16:15 RV60).

Sin embargo, el tiempo y la rutina religiosa hicieron desaparecer dichas dudas. Lo que siguió fue la comodidad y después la mediocridad; y estas dos «gemelas» —que siempre van de la mano— son muy peligrosas.

Dios nos impulsa a ser la luz de este mundo. Nuestras buenas acciones tienen que brillar a la vista de todos, para que ellos alaben al Padre que está en el cielo (Mt 5:14-16). Decidir aislar la fe de las obras da como resultado una forma muy egoísta de vivir.

La parusía no es un sueño cristiano o una utopía irrealizable de la fe, sino el aceite que mantiene encendida la llama de la vida del creyente, una llama que alumbra en un mundo de oscuridad.