El maravilloso milagro de la encarnación
En otras palabras: sin pesebre no hay cruz, sin cruz no hay muerte, sin muerte no hay tumba, sin tumba no hay resurrección, y sin resurrección no hay salvación.
En otras palabras: sin pesebre no hay cruz, sin cruz no hay muerte, sin muerte no hay tumba, sin tumba no hay resurrección, y sin resurrección no hay salvación.
¡El Dios eterno e infinito, en la persona divina del Verbo, quiso nacer como un bebé! ¡Se convirtió en un paquetito de vida y amor envuelto en pañales y acostado en un pesebre! Fue Dios que dormía en ese pesebre, pero no fue Dios Padre ni fue el Espíritu Santo, sino que fue el Verbo que desde la eternidad quiso nacer entre nosotros. Eso es lo que celebramos cada año en la Navidad.
Solamente condenar y criticar la cultura no está bien, ni tampoco está bien solo consumirla y copiarla. Todo esto hay que hacerlo, ejerciendo criterio para saber qué condenar y qué copiar o cuándo criticar y cuándo consumir. No obstante, la meta debería ser la transformación de las culturas y la creación de nuevas que reflejen los valores del reino. ¡Ojalá la iglesia cristiana pueda hacer esto, ya que el poder del evangelio sí es capaz de hacerlo!
Considerando que cada generación de cristianos debe responder a sus propios desafíos, el artículo tiene la intención de resaltar la naturaleza del hecho de ser mujer, madre y la elección de ser sierva de Dios desde una perspectiva cristiana. María, la madre de Jesús, y la narrativa evangélica nos ayudará a reflexionar sobre esto.
Al fin y al cabo, las culturas son producto de la creatividad humana, la cual es una característica propia del ser humano que refleja la imagen de Dios. Todas las culturas tienen elementos que reflejan el carácter creativo de Dios mismo. Lo desafiante para los cristianos es determinar cuáles son esos elementos.
Es mi deseo que en estos días previos a la celebración de Navidad podamos reflexionar en las implicaciones de la encarnación para nuestro común peregrinar espiritual. Contemplemos con serenidad las palabras del profeta Isaías quien nos abre un panorama inmenso de esperanza y de gracia en un mundo de tanta desgracia
En nuestro contexto también el arte debe ser objeto de reconocimiento y a la vez de evaluación crítica. Tiene aspectos redimibles y aspectos criticables. Esto se aplica también al arte cristiano dentro de las iglesias, el cual en muchos sentidos funciona con los mismos valores que el arte mundano.
Se necesitan personas comprometidas con el mensaje de Jesús, dispuestas a compartir su fe día a día. Se necesitan personas dispuestas a divulgar el mensaje de la justicia y verdad de Dios en la academia, en las universidades, en el cine, en la radio o en la música. Se necesita que los cristianos muestren que su ética es el mejor «sentido común» que se puede tener.
Mientras que los valores de la cultura política, no solamente de aquella época sino de todas las épocas, son la ambición personal, el uso y abuso del poder y la manipulación de las personas, los valores del liderazgo entre los discípulos deben ser el servicio, el sacrificio y la humildad.
En cuanto a la verdad no podemos abandonarla, incluso si esto significa la pérdida de nuestras vidas, porque no vivimos para esta generación, sino para el Señor (Ulrico Zuinglio).
Entender la naturaleza de la iglesia como una contracultura es uno de los aportes de la teología evangélica contemporánea. No es que la iglesia recién haya llegado a ser contracultura, sino que es reciente su entendimiento de esta faceta de su identidad, pues la elaboración teológica alrededor del tema de contracultura es producto de la teología del siglo XX.
Sin embargo, ser padres es un llamado mucho más grande y profundo: es el llamado a mostrar el amor de Dios a los hijos que él nos dio para criar.