
Fe para la casa
Nuestra esperanza no es el equivalente a un conjunto de estadísticas recopiladas para predecir el futuro de la crisis. Jesús es el suelo seguro sobre el cual descansa nuestra esperanza.

Nuestra esperanza no es el equivalente a un conjunto de estadísticas recopiladas para predecir el futuro de la crisis. Jesús es el suelo seguro sobre el cual descansa nuestra esperanza.

Por tanto: si el cristiano dice creo sin pensar, entonces no sabe lo que cree; si el cristiano dice creo sin cuestionar, entonces no sabe por qué cree; si el cristiano dice creo sin confesar, entonces no sabe para qué cree.

El Espíritu Santo nos guía por medio del estudio fiel de las Escrituras y el análisis comunitario de la fe. Cierto, para eso no se necesita un doctorado en hermenéutica, pero sí se necesita la disciplina de escudriñar el texto. El Espíritu Santo no es elitista, pero tampoco es antintelectual.

Dios nos impulsa a ser la luz de este mundo. Nuestras buenas acciones tienen que brillar a la vista de todos, para que ellos alaben al Padre que está en el cielo (Mt 5:14-16). Decidir aislar la fe de las obras da como resultado una forma muy egoísta de vivir.

La parusía no es un sueño cristiano o una utopía irrealizable de la fe, sino el aceite que mantiene encendida la llama de la vida del creyente, una llama que alumbra en un mundo de oscuridad.

Hoy en día en nuestras comunidades eclesiásticas predomina el espíritu del anti-intelectualismo. El mundo moderno estimula…