El síndrome de Jonás: el enojo hacia Dios por amar a mis enemigos

Si has leído el libro de Jonás en la Biblia, rápidamente podrás notar que este es diferente a los demás libros proféticos, los cuales normalmente son una colección de las palabras de Dios a su pueblo a través de sus profetas. Sin embargo, este libro no se enfoca en las palabras del profeta, sino en el profeta mismo, uno malo y desagradable. Jonás aparece solo una vez más en el Antiguo Testamento durante el reino de Jeroboam II, a quien le profetizó a favor prometiéndole que ganaría una batalla (2 R 14:23-25).

El carácter de Jonás se ve muy claro a lo largo del libro. Al contrario de la humildad y los corazones blandos y arrepentidos de los paganos de la historia, el profeta es un hombre con gran egoísmo, rebeldía, arrogancia, enojo y desobediencia. Por eso, algunos han dicho que esta historia parece una sátira, donde cosas que no deberían suceder, suceden.

Algo que resalta en la historia de este profeta es su deseo ferviente de huir, con tal de no cumplir con el mandato que Dios le dio. Prefiere enfrentarse al castigo de Dios con tal de alejarse de su llamado. Toda la historia parece ser un viaje a una muerte segura para Jonás, pero en esta historia nada es como debería ser.

Pero ¿por qué huye Jonás? ¿Por qué pide que lo echen al mar cuando está en el barco y la tormenta arrecia? Las respuestas pueden ser variadas, pero hasta ese momento en la historia Jonás no nos da una razón. Pero algo es seguro en el corazón del profeta, él quiere la destrucción de sus enemigos a toda costa, no quiere que tengan una oportunidad de arrepentimiento. Sin embargo, Dios tiene otros planes.

Así que después de la experiencia en el fondo del mar, Dios ordena al pez vomitar a Jonás y luego el mandato sigue siendo el mismo: ir a Nínive a dar el mensaje de Dios a la población. Esta ciudad era gigantesca y tomaría varios días en ser recorrida, sin embargo, Jonás tenía un día para hacerlo. No se menciona lo que Nínive ha hecho mal (aunque tenemos una idea de qué tipo de pueblo era), no se especifica de qué debe arrepentirse, como se ve en el mensaje de otros profetas. El mensaje de Jonás es solo este: “Dentro de cuarenta días Nínive será destruida” (3:4). ¿Quería Jonás sabotear la palabra de Dios para evitar el arrepentimiento de Nínive? ¿O quería Dios mostrar al profeta su poder transformador aun con un mensaje aparentemente incompleto? El mensaje no era uno que expusiera la maldad del pueblo, que provocara arrepentimiento o que trajera esperanza. Era un mensaje de destrucción. A pesar de todo, las pocas palabras del profeta surtieron un efecto increíble en este pueblo: un completo arrepentimiento.

Y aquí se incrementa el problema de Jonás. Ante esta respuesta del pueblo, el profeta está completamente enojado, pues, ante el arrepentimiento de la gente, Dios los perdonó. Esto no era lo que Jonás esperaba o anhelaba, y es en este momento de la historia donde el profeta muestra la razón por la que huyó: Dios es misericordioso (citando Éx 34:6) y perdona a quien se arrepiente. Él estaba sumamente enojado con Dios por ser misericordioso con sus enemigos, por brindar la oportunidad de arrepentimiento y cambio de vida a un pueblo perverso y despiadado.

Dios muestra su misericordia al mismo Jonás cuando le provee la planta que le cubriría del sol, mientras el profeta aún espera la destrucción de Nínive; sin embargo, el enojo no le deja ver lo que Dios quería mostrarle. Al no ver su deseo cumplido, Jonás se enoja aún más. ¿Es justificado su enojo? (4:4, 9). En la mente del profeta todo es justificado. ¿Cómo puede ser que Dios perdone a tal pueblo? ¿Cómo puede Dios descuidar a su profeta al quitarle la sombra que producía la planta? Dios trata de hacer entender a Jonás que su misericordia va más allá de la mentalidad y deseos humanos. ¿Se preocupó Jonás por la planta que estuvo viva por un día, y no porque estuvo bien que Dios sintiera compasión por personas que son más valiosas que una planta?

Este libro quiere incomodarte. ¿Te parece bien el hecho de que Dios ame a quienes son contrarios a ti? A través de Jonás vemos aumentadas las peores partes de nuestro carácter, es un espejo. Podemos pensar, como Jonás, que somos más merecedores del favor de Dios que otras personas, que realmente no somos tan malos, que Dios no ha tenido que hacer mucho por nosotros, etc.

Es aquí donde debemos parar y pensar en que también los hoy creyentes fuimos contrarios a Dios, enemigos de él, merecedores de toda la ira divina (Ef 2:3). Fuimos Nínive: rebeldes, apartados de Dios, merecedores de la muerte. Y, sin embargo, Dios tuvo misericordia de nosotros, y al escuchar el mensaje de las buenas nuevas de salvación, y habiendo creído en él, fuimos hechos hijos, amigos, herederos (Gá 4:7; Ro 8:17).

Esto debería generar humildad y gratitud en nosotros, porque Dios ama a sus enemigos y soporta al Jonás que hay en nosotros. El mensaje de la grandeza de la misericordia de Dios debe retarnos hasta lo más profundo a mostrar la misma misericordia y compasión por aquellos que consideramos no merecedores del favor de Dios, trayendo a la memoria la misericordia que hemos recibido. El libro de Jonás finaliza con la pregunta de Dios: “¿no habría yo de compadecerme?” (4:11). La misma pregunta es para nosotros.

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