
¿Y si no se trata solo de mí? Una reflexión del individualismo en la iglesia
Cuando un cristiano se enfoca solo en él mismo, decide voluntariamente rechazar el regalo de servir, amar y convivir para la gloria de Dios.

Cuando un cristiano se enfoca solo en él mismo, decide voluntariamente rechazar el regalo de servir, amar y convivir para la gloria de Dios.

Hoy más que nunca debemos tornar nuestra vista a lo que es vital, fortalecer y rescatar la imagen del matrimonio. Debemos replantearnos lo que conlleva sacarlo adelante, bajo los preceptos bíblicos únicamente.

Hugo Morales, miembro del Instituto CRUX, reflexiona sobre la importancia de la adoración familiar.

Sharon Herrera, coordinadora del área de familia de Instituto CRUX, reflexiona sobre el tema de la familia y nos invita a pensar en la pregunta ¿Nos enfrentamos al fin de la familia?

La posibilidad de dar sentido a la vida no depende del padre que obliga al hijo cumplir con sus sueños, sino del padre que, a pesar de sus errores y aciertos, le dice al hijo que es posible dar sentido propio a su vida.

La ira puede destruir la comunicación, romper las relaciones y arruinar tanto el gozo como la salud de muchos. Lamentablemente tenemos la tendencia de justificar la ira, en vez de aceptar nuestra responsabilidad.

La persona que participa del reino es la que sabe que en sí misma no hay nada; ni su propia vida como tal tiene valor para gozar del reino inaugurado por Jesús. Es aquí donde está la gran paradoja del reino… el que no tiene nada, le pertenece todo.

El Salmo 80 nos debe hacer pensar que la manifestación de la presencia de Dios y su omnipresencia no son lo mismo. Dios está presente, aunque no se lo pueda percibir. Su “guía” (1), “salvación” (3, 7, 19), “cuidado” (14), “apoyo” (17) en la vida del creyente no dependen de grandes despliegues de poder.

Pero lo peor nos sobreviene cuando basados exclusivamente en tales corrientes muy probablemente falseadoras de la verdad juzgamos, condenamos y hasta a veces absorbemos o justificamos hechos y actitudes reprensibles de otros y aun de nosotros mismos.

Gracias te doy, madre, porque no me abortaste, por llevarme en tu seno como en una carroza, por haberme parido entre risas y lágrimas, por mecerme la cuna invocando a mi sueño, por ponerme la luna tan cerca de las manos que pudiera tocarla y hasta jugar con ella.

Es viernes y te invitamos a un café ¿cómo lo prefieres? Expreso, Latte, Capuchino, Mokaccino, Macciato, tómalo como más te guste, pero siempre en compañía de una buena conversación en Café, Cultura y Cristianismo.

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