
Dolor, duelo y pérdida
Es viernes y te invitamos a un café ¿cómo lo prefieres? Expreso, Latte, Capuchino, Mokaccino, Macciato, tómalo como más te guste, pero siempre en compañía de una buena conversación en Café, Cultura y Cristianismo.

Es viernes y te invitamos a un café ¿cómo lo prefieres? Expreso, Latte, Capuchino, Mokaccino, Macciato, tómalo como más te guste, pero siempre en compañía de una buena conversación en Café, Cultura y Cristianismo.

Mateo Gómez, reflexiona sobre el proceso saludable del duelo en familia.

Mateo Gómez, reflexiona sobre la idea equivocada de ser fuerte en el duelo.

Mateo Gómez reflexiona sobre el concepto de familismo en el duelo.

El viernes santo no es solamente el padecimiento del Cristo, sino el padecimiento de este mundo en el crucificado que carga sobre sí la fuerza de las palabras mundanas.

Fuimos llamados a enseñar a otros a estar parados al pie de la cruz y contemplar con gratitud el sacrificio del Señor desde nuestros campos de enseñanza.

Por último, como acompañantes de la persona que está en duelo, sea en calidad de consejeros, pastores, líderes, familiares o amigos, debemos respetar la forma en cómo la persona en sufrimiento expresará su dolor. Así como cada ejemplo visto anteriormente vivió su duelo y se le respetó su tiempo, en el presente se debe aprender a respetar al doliente y no interponer creencias, costumbres, religión y cualquier otra cosa que perturbe la necesidad primordial de una persona en duelo: llorar, lamentarse y estar de luto, tal como Abraham, José y el pueblo de Israel lo hicieron.

El duelo, entendido como el acto de lamentarse, llorar o estar de luto, es un tema muy recurrente en el Antiguo Testamento. ¿Qué hizo Abraham ante la muerte de Sara? ¿Cómo llevó José su duelo ante la muerte de su padre? ¿Qué hizo el pueblo de Israel ante la partida de Moisés? ¿Qué creencias o rituales se pueden observar en otros textos del Antiguo Testamento con respecto al duelo? ¿Cómo podemos aplicar estas creencias y rituales al contexto de hoy?

En la actualidad, el término eutanasia ha cobrado más interés en diferentes contextos, cuya valoración ética y jurídica son distintas. Generalmente se suele recurrir a la palabra “eutanasia” cuando se hace algo —o se deja de hacer— en la etapa final de la vida de un enfermo. La encíclica Evangelium vitae la define así: “Una acción o una omisión que por su naturaleza y en la intención causa la muerte, con el fin de eliminar cualquier dolor”.

En esta etapa, los niños comenzarán a sentir o desarrollarán el deseo de no querer vivir porque el ser amado ya no vive. Este impulso puede ser oculto a simple vista, pero existe dentro de ellos.

El dolor que provoca una pérdida […] no se debe medir por la edad. Los niños, sin lugar a dudas, sienten, perciben, observan y, sobre todo, sufren. Sufren a su modo.

Las muchas referencias en las epístolas del NT sobre la muerte, la resurrección corporal, la esperanza de un futuro glorioso (1 Co 15:35-44; 2 Co 4:14; 13:4; 1 Ts 4:16) apuntan a darle un tratamiento especial a nuestros muertos que mueren como creyentes.