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Ansiedad y bienestar en la generación Z, parte 1

Los estudiosos de la cultura describen los tiempos actuales como una era marcada por la gran confusión.[1] Se refieren a esta época como la “edad del caos”, la “era del vacío”, el “imperio de lo efímero”, la “sociedad de la decepción” y la “sociedad del hiperconsumo”, donde predomina la ideología de lo nuevo.[2] Es en este contexto, complejo y vertiginoso, que la generación Z busca desempeñar un papel significativo en nuestra sociedad.

Estas perspectivas ayudan a contextualizar la dinámica social en la que la generación Z intenta desenvolverse. A todo esto debemos de incluir la ansiedad generalizada, como lo confirma un estudio de The Annie E. Casey Foundation sobre trastornos mentales en jóvenes.[3] Este estudio muestra que un tercio de los jóvenes de entre 18 y 25 años en América Latina reporta algún trastorno mental significativo, y la ansiedad es uno de los principales. A nivel mundial, el 50 % de los trastornos mentales se manifiestan antes de los 14 años y el 75 % antes de los 24 años.[4]

Ansiedad: Definición y trastornos asociados

La ansiedad es una respuesta fisiológica y emocional del cuerpo ante situaciones desafiantes o inciertas, caracterizada por sentimientos de preocupación, aprensión o temor hacia posibles eventos futuros. Es una reacción adaptativa porque nos prepara para enfrentar situaciones de amenaza o incertidumbre. Sin embargo, cuando la ansiedad es excesiva o persistente, puede convertirse en un problema que afecta la vida diaria.[5]

La ansiedad se puede experimentar de manera temporal ante una situación puntual (como una entrevista de trabajo o un examen importante). Durante estos episodios, las personas pueden experimentar síntomas físicos como palpitaciones, sudoración, temblores o una sensación de “nerviosismo” en el estómago. Es importante notar que estos síntomas son normales y no siempre indican un trastorno de ansiedad.[6]

Por otro lado, el trastorno de ansiedad se refiere a un grupo de afecciones mentales caracterizadas por una ansiedad persistente y excesiva que no está necesariamente relacionada con una amenaza clara o inmediata. Estas preocupaciones pueden ser tan intensas que interfieren en las actividades cotidianas de la persona.[7] Los trastornos de ansiedad incluyen varias formas clínicas, tales como:

  • Trastorno de ansiedad generalizada (TAG). Dura, el menos, seis meses, y se caracteriza por una preocupación excesiva y difícil de controlar sobre diversos aspectos de la vida (trabajo, salud, relaciones, etc.).[8] Los individuos con TAG pueden sentirse tensos y fatigados constantemente.
  • Trastorno de pánico. Se presenta con ataques de pánico repentinos e intensos, que incluyen síntomas como falta de aire, palpitaciones, mareos y una sensación de muerte inminente.[9]
  • Fobias: Son miedos irracionales y persistentes hacia objetos o situaciones específicas (por ejemplo, miedo a las alturas o a los insectos).[10]
  • Trastorno obsesivo-compulsivo (TOC). Implica pensamientos obsesivos recurrentes y comportamientos compulsivos para reducir la ansiedad que estos pensamientos generan.[11]
  • Trastorno de ansiedad social. Se caracteriza por un miedo intenso a ser juzgado o evaluado negativamente en situaciones sociales.[12]

Cuando la ansiedad alcanza niveles desproporcionados o interfiere con el funcionamiento diario, se considera un trastorno de ansiedad y suele requerir intervención profesional, como terapia cognitivo-conductual o medicación.[13]

Impacto de la ansiedad y de otros trastornos en Guatemala

Según un informe de UNICEF, el 38 % de los jóvenes en Guatemala ha reportado experimentar la ansiedad en general y no específicamente el trastorno de ansiedad, lo que sugiere una prevalencia notable de esta condición entre los adolescentes y jóvenes del país.[14] Por otro lado, los trastornos de ansiedad, como el TAG o los trastornos relacionados con ataques de pánico, presentan una prevalencia menor, pero igualmente preocupante.[15]

Según cifras del Ministerio de Salud Pública y Asistencia Social, de enero a julio de 2023, 34 178 guatemaltecos fueron diagnosticados con un trastorno mental y de comportamiento. De ellos, casi el 40 % son personas menores de 19 años. Aún más preocupante es el hecho de que el 57 % de los suicidios reportados durante el 2022 involucró a adolescentes y jóvenes entre 11 y 30 años.[16] En Guatemala, los trastornos más comunes entre la población son la depresión, la ansiedad y los problemas mentales relacionados con el consumo de sustancias psicoactivas. Diversos factores como la genética, experiencias personales, la educación recibida, la exposición a violencia, abuso y discriminación son fundamentales en la salud mental de los jóvenes. En una encuesta reciente de U-Report UNICEF a 1500 jóvenes en Guatemala, el 38 % reportó haber sufrido ansiedad, el 22 % depresión y un alarmante 41 % indicó que no había buscado ayuda.[17]

¿Por qué centrarnos en la salud mental de la generación Z?

El excirujano general de Estados Unidos David Satcher afirmó, con razón, que “no hay salud sin salud mental”. Esta verdad aplica a personas de todas las edades y nos recuerda el sabio consejo de Pr 17:22: “El corazón alegre es una buena medicina, pero el espíritu quebrantado seca los huesos”. Este pasaje resalta la estrecha relación entre la salud emocional y el bienestar físico, enfatizando la importancia de cultivar un espíritu alegre y fortalecido. Por ello, es crucial abordar la salud mental de la generación Z, un grupo que enfrenta desafíos únicos en un mundo marcado por la hiperconectividad, la presión social y los cambios culturales. Fomentar su bienestar mental no solo es vital para su desarrollo personal y su capacidad de contribuir de manera positiva a la sociedad, sino también esencial para su vida espiritual.

La generación Z, que hoy 2025 tiene entre 12 y 29 años, está en una etapa crucial de desarrollo. Entre los 14 y los 24 años se producen importantes cambios cognitivos, biológicos y sociales. En este período, los jóvenes experimentan una mayor autonomía, construyen su identidad y adquieren habilidades vitales, mientras que también enfrentan riesgos para su salud mental, ya que el 75 % de los trastornos mentales comienzan entre los 10 y los 24 años. Esto subraya la importancia de apoyar su bienestar y su futuro.[18] En este contexto, Marian Rojas Estapé, en su libro Recupera tu mente, reconquista tu vida, subraya el aumento de la demanda en salud mental en los jóvenes, señalando factores como la intolerancia al malestar, la necesidad constante de sentirse bien, el vacío existencial, las comparaciones en redes sociales, trastornos de la alimentación, la ansiedad, la pérdida de capacidad para manejar el estrés y la frustración, el ciberacoso, la agresividad, el fácil acceso a la pornografía y el consumo de alcohol y otras sustancias adictivas. Todo esto deteriora su bienestar emocional y mental, resaltando la urgencia de apoyarlos para prevenir consecuencias a largo plazo.[19]

La generación Z enfrenta una crisis de salud mental, lo que ha llevado a organizaciones como la Academia Estadounidense de Pediatría y la Academia Estadounidense de Psiquiatría Infantil y Adolescente a declarar un estado de emergencia en salud mental juvenil. Aunque muchos jóvenes están en buen estado físico y emocional, las tasas de suicidio, visitas a urgencias por problemas de salud mental, depresión y ansiedad han aumentado en los últimos años. En América Latina estos problemas también están creciendo, y los jóvenes de la región se muestran cada vez más dispuestos a compartir sus dificultades.[20]


[1] Algunos dicen que estamos en la hipermodernidad, la transmodernidad o la turbomodernidad.

[2] Francesc Torralba, Mundo volátil (Barcelona: Kairós, 2018), 16.

[3] The Annie E. Casey Foundation, “Mental Health Challenges Among Young Adults”, https://www.aecf.org/resources/mental-health-challenges-among-young-adults.

[4] UNICEF Guatemala, “La salud mental en Guatemala: Un grito de ayuda que no podemos ignorar”, 9 de octubre de 2023, https://www.unicef.org/guatemala/comunicados-prensa/la-salud-mental-en-guatemala-un-grito-de-ayuda-que-no-podemos-ignorar.

[5] National Institute of Mental Health, “Anxiety Disorders”, última modificación 2023, https://www.nimh.nih.gov/health/topics/anxiety-disorders.

[6] Organización Mundial de la Salud, “Trastornos de ansiedad”, https://www.who.int/es/news-room/fact-sheets/detail/anxiety-disorders.

[7] American Psychiatric Association, Diagnostic and Statistical Manual of Mental Disorders (DSM-5), 5.a ed. (Arlington: American Psychiatric Association, 2013).

[8] Ibíd.

[9] Ibíd.

[10] National Institute of Mental Health, “Anxiety Disorders”.

[11] American Psychiatric Association, DSM-5, 42.

[12] National Institute of Mental Health, “Anxiety Disorders”.

[13] American Psychiatric Association, DSM-5, 42.

[14] Carlos A. Mendoza, “La ansiedad es un monstruo que crece en un país que no cree en la salud mental”, Plaza Pública, https://www.plazapublica.com.gt/content/la-ansiedad-es-un-monstruo-que-crece-en-un-pais-que-no-cree-en-la-salud-mental.

[15] Ibíd.

[16] UNICEF Guatemala, “La salud mental en Guatemala”.

[17] Ibíd.

[18] Annie E. Casey Foundation, “Generation Z and Mental Health”, The Annie E. Casey Foundation, https://www.aecf.org/blog/generation-z-and-mental-health.

[19] Marian Rojas Estapé, Recupera tu mente, reconquista tu vida (Barcelona: Planeta, 2024), 314-15.

[20] Annie E. Casey Foundation, “Generation Z and Mental Health”, https://www.aecf.org/blog/generation-z-and-mental-health.

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