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Este artículo forma parte de la serie “El no nacido y la fe cristiana”, una reflexión bíblica y cultural sobre la dignidad de la vida humana en medio de los debates contemporáneos. A lo largo de la serie exploramos el trasfondo histórico, bíblico y pastoral del tema, buscando claridad, responsabilidad y fidelidad cristiana.
Según la Organización Mundial de la Salud, cada año se provocan cerca de setenta y tres millones de abortos en todo el mundo.[1] En Centroamérica hubo un total de un millón trescientos veinte mil abortos entre 2015 y 2019.[2] Se estima que seis millones de mujeres se someten al aborto inducido en América Latina cada año.[3]
En Guatemala, el Guttmacher Institute (una organización dedicada a la investigación en derechos sexuales y reproductivos) asegura que más de un tercio de las ciento ochenta mil mujeres que enfrentan un embarazo no planificado recurren al aborto.[4] Según su metodología estadística, el país presenta una cifra aproximada de sesenta y cinco mil abortos inducidos al año.[5] Lamentablemente, las organizaciones formales de estadística guatemalteca no brindan resultados concretos de la tasa de abortos realizados anualmente en Guatemala.
En general, las leyes en Latinoamérica favorecen el aborto bajo tres condiciones específicas: cuando el feto presenta deformaciones congénitas, cuando la continuación del embarazo implica un riesgo para la vida o salud de la madre, o cuando el embarazo es producto de una violación.[6]
Ante este escenario, es imprescindible que la iglesia cristiana reflexione sobre su papel en la defensa de la vida del no nacido. Este compromiso no se limita exclusivamente a la etapa previa al nacimiento, sino que también implica acompañar los procesos posteriores, mostrando apoyo, empatía y solidaridad. Nuestra labor es analizar con seriedad las implicaciones de proteger la vida del no nacido y asumir el llamado bíblico de convertirnos en una comunidad que sostiene, acoge y resguarda a quienes más lo necesitan.
Históricamente, el cristianismo ha defendido la vida del no nacido, incluso cuando esta postura era contracultural en sociedades donde prácticas como el aborto eran aceptadas, como sucedía en el mundo romano.[7] Esto hace necesario preguntarnos: ¿qué se creía al respecto en tiempos antiguos? El estudio cuidadoso de la historia y de textos antiguos puede ofrecer claridad sobre temas como el aborto, presentes tanto en el pasado como en la actualidad.
La siguiente serie de artículos busca comprender el concepto bíblico y teológico del no nacido en Éxodo 21:22–25, con el propósito de analizar sus implicaciones y aportar una perspectiva útil al debate contemporáneo sobre el aborto. Aunque el término “aborto” puede referirse también al aborto espontáneo, el enfoque de estos escritos estará en el aborto inducido o procurado.
Hoy en día se ha extendido el uso de una terminología más ambigua, sustituyendo la palabra “aborto” por expresiones como “interrupción del embarazo”. Este lenguaje, aplicado al aborto inducido, tiende a suavizar su significado y a ocultar su dimensión real ante la opinión pública. Sin embargo, en esta investigación el “aborto procurado” se entiende como “la eliminación deliberada y directa de un ser humano en la etapa inicial de su existencia, desde la concepción hasta el nacimiento”.[8]
Mi mayor deseo, a través de estos artículos, es que como iglesia podamos llevar a la práctica un amor genuino, con el propósito de acompañar, empatizar, sostener y abrazar a quienes enfrentan situaciones sociales complejas, muchas veces silenciadas, pero profundamente reales. Recordemos que la Biblia debe ser estudiada, meditada y puesta en diálogo con las realidades contemporáneas.
[1] Organización Mundial de la Salud, “Aborto”, noviembre de 2021, https://www.who.int/es/news-room/fact-sheets/detail/abortion (7 de noviembre de 2025).
[2] Guttmacher Institute, “Unintended Pregnancy and Abortion in Latin America and the Caribbean”, marzo de 2022, https://www.guttmacher.org/fact-sheet/unintended-pregnancy-and-abortion-latin-america-and-caribbean (23 de junio de 2023).
[3] Ibíd.
[4] Elena Prada, et al., “Embarazo no planeado y aborto inseguro en Guatemala: Causas y consecuencias”, 2006, https://www.guttmacher.org/sites/default/files/pdfs/pubs/GuatemalaUPIAsp.pdf (26 de enero de 2023).
[5] Susheela Singh, Elena Prada y Edgar Kestler, “Aborto inducido y embarazo no planeado en Guatemala”, 2006, https://www.guttmacher.org/es/journals/ipsrh/2006/12/aborto-inducido-y-embarazo-no-planeado-en-guatemala (26 de enero de 2023).
[6] Manuel Reaño Vargas, “El aborto provocado”, en Comentario Bíblico Contemporáneo, eds. C. René Padilla, Milton Acosta y Rosalee Velloso (San Sebastián: Certeza Unida, 2019), 778.
[7] Ibíd.
[8] Juan Pablo II, “Carta Encíclica sobre el valor y el carácter inviolable de la vida humana”, Evangelium Vitae, 25 de marzo de 1995, https://www.vatican.va/content/john-paul-ii/es/encyclicals/documents/hf_jp-ii_enc_25031995_evangelium-vitae.html (31 de enero de 2023).
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