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Las historias nos rodean, ya sea en películas, series, videos cortos, música, podcasts, redes sociales y videojuegos que terminan siendo parte de nuestra rutina diaria. Algunas veces los buscamos por descanso, entretenimiento o para desconectarnos. Sin embargo, una pregunta importante para hacernos es: ¿es realmente inofensivo todo el contenido que lo parece?
Como cristianos estamos llamados a vivir con discernimiento. Esto no significa que nos relacionemos con la cultura desde el miedo, el rechazo o que veamos todo como perjudicial. Tampoco significa que debemos consumir contenido sin reflexionar. La Biblia nos invita a examinar lo que vemos, aplaudimos y escuchamos a la luz de la verdad de Dios.
El entretenimiento también forma
Cuando pensamos en nuestra relación con la cultura, es importante recordar que el entretenimiento nunca se queda solo en entretener. Cada historia transmite una visión sobre la vida, el amor, la identidad, el éxito, el sufrimiento y hasta la felicidad. Tal vez recuerden una película que reúna todos estos elementos y que, en el fondo, retrata una de las búsquedas universales del ser humano: encontrar aquello que puede dar felicidad.
Las narrativas que consumimos constantemente le dan información a nuestra mente; van alimentando nuestra imaginación y formando nuestros deseos y expectativas de cómo debería funcionar el mundo.
Por eso, las preguntas a hacernos deben ir más allá de si el contenido que consumimos es bueno o malo. Debemos cuestionarnos: ¿qué visión de la vida me está presentando?, y ¿qué está formando en mí?
La Biblia nos motiva a desarrollar este tipo de pensamiento. Pablo escribió: «Examinadlo todo; retened lo bueno» (1 Tes 5:21). Esto debería cambiar nuestra perspectiva y actitud hacia la reflexión, no una aceptación o prohibición automática.
Ningún contenido es neutral
Cada historia está construida sobre las ideas de alguien más sobre la realidad. Algunas presentan el éxito profesional como alcanzar la felicidad. Otras aseguran que la identidad se encuentra siguiendo los deseos de nuestro corazón. Mientras que otras muestran cómo el amor romántico es la solución a todos los males y problemas humanos.
Estas ideas llegan a nosotros disfrazadas de humor, emoción, música o personajes con los que nos identificamos y por eso tienen tanto poder. Muchas veces aceptamos estas perspectivas antes de analizarlas desde lo racional y nos dejamos llevar por lo emocional. Usualmente aprendemos a través de las historias que admiramos y de las narrativas que repetimos.
Esto toma más relevancia para las familias, ya que los padres no solo están llamados a supervisar el contenido que sus hijos consumen, sino también a ayudarlos a interpretarlo. Las películas, las canciones y las series pueden convertirse en buenas oportunidades para conversar sobre valores, decisiones, relaciones y, por supuesto, la fe.
Lo más peligroso no siempre es lo más escandaloso
Cuando pensamos en contenido dañino, nos imaginamos aquello que es inmoral y ofensivo. Sin embargo, de los mensajes más sutiles suele provenir el mayor impacto.
Hay contenidos que parecieran aceptables porque no muestran elementos evidentemente problemáticos. Aun así, pueden transmitir una visión en la que Dios es irrelevante, que la autosuficiencia es la máxima virtud o bien, que el valor de una persona depende de su apariencia, rendimiento o popularidad. Y así van moldeando poco a poco nuestra sensibilidad y nuestra manera de interpretar la realidad.
Y es aquí donde el discernimiento cristiano no debería limitarse únicamente a lo que es escandaloso. Debemos aprender a reconocer lo que parece inocente, pero que está formando nuestras ideas, la forma en que nos relacionamos, en cómo dirigimos nuestros afectos y sobre todo si nos mueve en dirección contraria al diseño de Dios.
El discipulado cultural ocurre incluso cuando no lo notamos
Todos estamos siendo formados por algo. La pregunta que debemos hacernos no es si estamos siendo discipulados, sino quién o qué está discipulando nuestros pensamientos, deseos y hábitos.
Las redes sociales y las industrias del entretenimiento constantemente nos están contando historias de qué significa realmente ser exitoso, atractivo, libre y hasta cómo debería verse la felicidad. Y si no reflexionamos sobre ellas, se van convirtiendo en referencias principales para la interpretación de la vida.
Y es acá donde encontramos una diferencia muy importante entre prohibición y convicción.
Lo prohibido puede impedir temporalmente una conducta, pero la convicción transforma el corazón y nos permite tomar decisiones sabias aun cuando nadie más está observando.
Como iglesia debemos discernir entre prohibido y permitido. Debemos ayudar a las personas a comprender realmente por qué ciertas narrativas son problemáticas y cómo el evangelio ofrece una visión verdadera y más humana de la realidad.
Necesitamos espacios de conversación, no solo advertencias
Una de las mejores herramientas frente a la influencia cultural no es el aislamiento; por el contrario, es unirnos por medio de la conversación.
Los hogares cristianos deberían ser espacios donde se pueda hablar abiertamente sobre las películas que vemos, la música que escuchamos y los mensajes que recibimos a diario.
Porque preguntas sencillas pueden ser grandes oportunidades de diálogo y formación, pues estas conversaciones ayudan a desarrollar discernimiento, enseñando a pensar, reaccionar y dialogar desde la cosmovisión cristiana.
El evangelio ofrece una mejor historia
El objetivo de estos análisis no es hacernos cristianos criticones que viven buscando errores en cada cosa que consumen para convertirnos en críticos culturales permanentemente.
Pero sí debemos reconocer que detrás de las historias que consumimos existen preguntas profundamente humanas y genuinas como: ¿quién soy?, ¿cuál es mi propósito?, ¿para qué existo?, ¿dónde encontraré amor?, ¿qué me dará esperanza? La belleza está en encontrar estas respuestas en el evangelio.
Mientras que muchas historias nos muestran que obtenemos la salvación a través del éxito, la fama, el dinero o las relaciones, Jesús nos muestra a través del evangelio una mejor historia basada en el amor de Dios, un propósito que trasciende circunstancias y nos da una esperanza que no depende del desempeño personal. Es la historia de un Dios que crea, redime y restaura todas las cosas.
Podemos quedarnos con la idea de que el entretenimiento no es solo eso. De una u otra forma nos moldea una visión del mundo, nuestros deseos y nuestras convicciones.
Por eso es clave desarrollar discernimiento, tener conversaciones significativas con nuestra familia, amigos, iglesia y comunidades, y así aprender a identificar desde dónde está siendo moldeado nuestro corazón para contrastarlo con el evangelio.
No deberíamos temerle a la cultura o evitarla, sino interactuar con ella con sabiduría, verdad y esperanza. Porque cuando aprendemos a discernir lo que consumimos, estamos mejor preparados para amar a Dios con toda nuestra mente, formar convicciones sólidas y ayudar a la próxima generación a hacer lo mismo.
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