
Aun en las crisis, somos imago Dei
Actualmente, todos estamos sufriendo de alguna manera por esta pandemia. Algunos literalmente no tienen qué comer, otros se enfrentan a una crisis económica por tener que cerrar sus comercios o ser despedidos.

Actualmente, todos estamos sufriendo de alguna manera por esta pandemia. Algunos literalmente no tienen qué comer, otros se enfrentan a una crisis económica por tener que cerrar sus comercios o ser despedidos.

¿Qué es lo que nos motiva a anunciar un nuevo orden mundial con tantas teorías de conspiración que circulan ahora? ¿Infundir miedo a la gente? ¿Anunciar que ya comenzó la tribulación? ¿Apresurar la venida del Señor? El verdadero nuevo orden mundial, cósmico y universal se llama Reino de Dios, y ya está entre nosotros (Mt 12:28; Mr 1:15)

Un domingo cualquiera, a la hora del culto virtual de las iglesias, los creyentes tienen la opción de escoger culto, predicador y tipo de alabanza. Algunos escogen la alabanza de una iglesia y la predicación de otra. Al fin y al cabo, están a un clic de distancia unos y otros. ¿Debe la iglesia convertirse en un elemento más de la industria del entretenimiento?

Todos tenemos la responsabilidad de ejercer labores pastorales, aunque no tengamos el puesto oficial. La comunidad cristiana es también una comunidad terapéutica en que nos cuidamos unos a otros.

Uno de los peligros es que, efectivamente, nos volvamos esclavos de esta tecnología y nuestra dependencia de ella se vuelva algo enfermizo que dañe algo más valioso como son las relaciones interpersonales, el contacto directo con personas.

Hay que dar lugar a la creatividad y muchos nuevos ministerios y nuevas formas vendrán no del centro (los templos y sus oficiales profesionales), sino de la periferia, de creyentes motivados que aprovecharán esta crisis como una oportunidad de hacer cosas nuevas.

Aunque los contenidos son importantes y hay que enseñarlos y transmitirlos a las nuevas generaciones, lo más importante es que se enseñe a obedecer lo que Jesús ha mandado (Mt 28:20). Interesantemente este texto de Mateo se relaciona bien con el de Gn 18:19. La meta es la obediencia

Descargué el libro Diálogos en tiempos de crisis: Reflexiones a partir de la pandemia hace un par de horas y leí la introducción para posteriormente guardarlo entre mis archivos y regresar a este en otro momento. Sucede que no pude dejar de leerlo hasta que lo terminé, y heme aquí escribiendo una pequeña nota para animar a otros a leerlo

Los lazos positivos entre padre-hija proveen relaciones confiables no solo entre ellos, sino con los demás, porque ella, debido a que halla aprobación y cariño en su hogar, no buscará amor y aceptación tan ansiosamente en otras personas, sobre todo en otros hombres.

Entendamos el valor que todo ser humano tiene a los ojos de Dios. Enseñemos a otros el gran valor que tienen. Enseñemos a otros a valorar a su prójimo de igual manera. Seamos todos juntos buenos representantes de Dios, administrando muy bien este hogar que él nos dio.

En su momento nuestro castillo cumplirá su propósito, y no debemos olvidar que siempre el futuro de Dios será mejor, incluso si nuestro nuevo castillo no es tan bueno como el anterior.

Nuestra esperanza no es el equivalente a un conjunto de estadísticas recopiladas para predecir el futuro de la crisis. Jesús es el suelo seguro sobre el cual descansa nuestra esperanza.