¿Todos los pecados son iguales?
Es viernes y te invitamos a un café ¿cómo lo prefieres? Expreso, Latte, Capuchino, Mokaccino, Macciato, tómalo como más te guste, pero siempre en compañía de una buena conversación en Café, Cultura y Cristianismo.
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El duelo, entendido como el acto de lamentarse, llorar o estar de luto, es un tema muy recurrente en el Antiguo Testamento. ¿Qué hizo Abraham ante la muerte de Sara? ¿Cómo llevó José su duelo ante la muerte de su padre? ¿Qué hizo el pueblo de Israel ante la partida de Moisés? ¿Qué creencias o rituales se pueden observar en otros textos del Antiguo Testamento con respecto al duelo? ¿Cómo podemos aplicar estas creencias y rituales al contexto de hoy?
En la actualidad, el término eutanasia ha cobrado más interés en diferentes contextos, cuya valoración ética y jurídica son distintas. Generalmente se suele recurrir a la palabra “eutanasia” cuando se hace algo —o se deja de hacer— en la etapa final de la vida de un enfermo. La encíclica Evangelium vitae la define así: “Una acción o una omisión que por su naturaleza y en la intención causa la muerte, con el fin de eliminar cualquier dolor”.
En el caso de los proabortistas, y en concordancia con la realidad atemporal de lo dicho por Chesterton, parece que su sendero busca descender hasta lo más bajo. No dan tregua en su búsqueda de volver lo infame, por inverosímil que esto parezca, aceptable y moralmente normal dentro de nuestra sociedad actual. ¿El aborto como “un derecho fundamental”? ¡Qué desfachatez! Frente a semejante escollo, los primeros cristianos tendrían una posición muy clara y definida: ¡no lo aceptarían!
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Dios hizo a la mujer a Su imagen, y una de las características más nobles de la semejanza divina en la mujer es su capacidad para reflexionar, crear cultura y expresarse a través de la estética.
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Muchísimo más hondo, quedo a la espera de un retorno mundial a la fe en Dios, esto es, a un absoluto desde el cual podamos medir lo relativo de nuestra moral y de nuestras decisiones. Pero ¿cuál Dios? ¿El que nos habla cada día muy en silencio? ¿O el muy estruendoso con cada tragedia global? Yo siempre me regreso al mismo con el que desde niño mis padres me familiarizaron: ese Dios absoluto del perdón, de la verdad, del amor, de la justicia y el de ese que nos ha ofrecido un plan bien en concreto frente al triste mundo del pecado.
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El hombre no fue hecho para estar solo, pues Dios mismo lo dijo antes de la caída (Gn 2:18). ¡Cuánto más ahora tenemos la necesidad de juntarnos con nuestros hermanos y hermanas en Cristo para momentos de comunión! Si un cuchillo no está afilado, sigue siendo un cuchillo, aunque es menos eficaz, menos útil. Así que, nuestra tarea es animarnos a pasar juntos más tiempo, exhortando, animando, orando, amonestando, compartiendo la palabra de Dios, involucrándonos en la vida de otros creyentes, para que así, como láminas de hierro, seamos más afilados en el ministerio que el Señor nos ha asignado, siendo eficaces.