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Más que un buen hombre: ser bueno siendo hombre

Todos hemos dicho en algún momento “ese es un buen hombre”, pero ¿a qué se refiere esta frase?

Estamos viviendo un tiempo confuso en cuanto al mensaje que se nos entrega de lo que significa realmente el término “hombre” o, en el sentido más amplio, lo que significa “masculinidad”. 

Por un lado, tenemos innumerables colectivos haciendo campañas en contra de la masculinidad y de lo que representa. Se nos dice que los hombres son tóxicos y que la sociedad estaría mejor sin ellos. Por otro lado, no tenemos un concepto que, en esencia, sea mucho mejor. Se nos dice que existen “buenos hombres”, pero ¿qué significa eso? Un buen hombre es ¿alguien que se porta bien? ¿El que no molesta? ¿El que hace caso? O ¿aquel que se deja de los demás para no tener problemas?

Quiero comenzar por un principio que, en lo personal, me ha ayudado a entender de mejor manera lo que realmente define a un verdadero hombre. “Ser un verdadero hombre no es fácil, porque no se da de manera natural”. Nacer con sexo masculino es una cosa; convertirse en un verdadero hombre es otra. La primera se da de forma natural y la segunda es totalmente intencional. El problema es que, como sociedad, familia e iglesia, no hemos hecho un buen trabajo transmitiendo lo que un verdadero hombre es. 

Hace un tiempo me encontré con un concepto que me ayudó muchísimo a ver la masculinidad desde una perspectiva distinta, una perspectiva saludable; no es lo mismo ser “un buen hombre”, que ser “bueno siendo un hombre”. A simple vista se ve muy parecido, pero en la práctica son dos cosas distintas. 

En el mejor de los casos les hemos dicho a las nuevas generaciones de hombres que deben ser buenos hombres, especialmente dentro de los que nos congregamos en una Iglesia. Y por supuesto que lo hacemos con buena intención, pero no hemos entendido que el mensaje no es necesariamente el correcto. 

Nosotros, los cristianos, no hemos hecho un buen trabajo en la crianza de hombres que podamos ver y pensar: ¡Ese es un hombre increíble! ¡Yo quiero ser como ese hombre!  Si somos realistas, muy pocos pensaríamos en Jesús como el prototipo de lo que un verdadero hombre debe ser ¿por qué? Porque nos hemos quedado con la imagen que nos han presentado en las películas, series, pinturas, e, incluso, en las iglesias. 

Nos hemos perdido de compartir el fantástico hombre que nuestro Señor Jesucristo nos modeló al caminar en esta tierra. ¡Él es la definición de lo que significa ser bueno siendo un hombre!  Tempestuoso, apasionado, valiente, firme, fuerte, enfocado, bondadoso, amoroso, gentil, amable, obediente, cercano; un amigo perfecto. 

Las personas querían estar cerca de Él, porque se sentían seguras. El apóstol Pedro lo definió de manera perfecta cuando dijo “Señor, ¿a quién iremos? Tú tienes palabras de vida eterna”, Juan 6:68.

Jesús era peligroso. No se acobardaba por lo que las personas pensaran de Él ni temía por lo que quisieran hacerle. Jamás mintió para evitar una confrontación, sino que estuvo dispuesto a entregar su vida por su creencia. El mismo hecho de que Él entregara su vida (Juan 10:17-18) revela su carácter inmutable, su temple sobrepasa nuestro entendimiento. 

Esta es la verdadera masculinidad modelada por un verdadero hombre, y este es el llamado para nosotros como hombres cristianos. No se trata de transmitir una visión de la masculinidad cristiana de alguien que es relativamente bueno en algo, sino de convertirse en alguien que es hábil para vivir realmente como un hombre. 

Pero esto no se logra sin esfuerzo y sin intencionalidad de parte de nosotros: papás y mamás. Frederick Douglas dijo: “Si no hay lucha, no hay progreso”. Y esto nos da una luz clara del camino hacia convertirnos en verdaderos hombres. Es imposible creer que podemos lograrlo sin esfuerzo e intencionalidad.

Ser bueno siendo un hombre requiere de la adquisición de habilidades que nos capacitan para cumplir con el llamado de la masculinidad.

¿Qué significa ser bueno siendo un hombre?

Significa hacer lo correcto, aunque el costo personal sea alto.
Significa ser bueno para entender e interactuar con las mujeres.
Significa ser bueno para entender el papel y el lugar del dinero en su vida y en su familia.
Significa saber controlarnos con la ayuda de Dios.
Significa saber cómo ser un verdadero amigo de otros hombres.
Significa ser fiel, confiable y valiente.

En 1 Corintios 16:13, el apóstol Pablo nos llama a estar firmes en la fe, a portarnos varonilmente y a esforzarnos. Y la palabra “varonilmente” en ese pasaje significa “ser un hombre” o “ser valiente para mostrarse hombre”. 

Es imposible creer que ser un verdadero hombre es algo fácil, o que se da de manera natural. Es un proceso en el que nos convertimos en hombres mientras vemos a nuestro alrededor y notamos que tales hombres hacen falta. Nuestra familia, nuestra sociedad y nuestra iglesia necesitan de verdaderos hombres que hagan la diferencia.  Hombres que entiendan su papel y su llamado de parte de Dios.

Recordemos siempre que nuestros jóvenes no quieren convertirse en “un buen hombre” necesariamente, porque no tienen idea de lo que eso significa. Ellos quieren llegar a ser buenos siendo hombres y eso es lo que hará la diferencia en nuestra cultura.

El llamado que tenemos de parte de Dios es determinante para este mundo. Hemos sido escogidos y diseñados para ser un instrumento en el establecimiento de su Reino en esta tierra, en nuestra cultura.

Así que este es un recordatorio de que somos “insustituibles” y que lo que hacemos, o dejamos de hacer, tiene un impacto profundo en nuestra familia y nuestro entorno.

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