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Lo que el desierto nos enseña. Tres consejos para iniciar el 2026, primera parte

Este blog es el primero de dos en los que reflexiono sobre tres consejos que el desierto bíblico nos ofrece para iniciar bien este 2026. Cada parte tomará momentos clave en la historia de Israel en el desierto. Mi deseo es que estos breves recorridos por el desierto nos ayuden a comenzar el año con más claridad, realismo y dependencia de Dios.

Como suele ocurrir cada primero de enero, muchos de nosotros hacemos listas en las que incluimos deseos, metas, propósitos, etcétera. Esto no es algo malo; de hecho, puede ser un ejercicio útil para ordenar nuestra vida personal, familiar y laboral. Hace tiempo leí un artículo titulado “Propósitos de año nuevo: ¿es recomendable hacerlos o resulta perjudicial?”[1] y me llamó la atención cómo relacionaba la salud emocional con la frustración que sentimos cuando no cumplimos aquello que nos propusimos.
Según algunos estudios realizados en EE. UU. y Suecia, los propósitos más comunes son bajar de peso, hacer ejercicio, ahorrar más y dejar de fumar. Sin embargo, el 23 % de las personas había “olvidado” sus metas tan solo una semana después de comenzar el año y, después de un mes, únicamente el 55 % seguía firme. A los seis meses, la cifra bajaba al 40 %, y dos años más tarde solo un 19 % mantenía sus propósitos iniciales.

La gran pregunta es la siguiente: ¿por qué nos cuesta tanto? La Asociación Psicológica Estadounidense (APA) señala que uno de los principales obstáculos es creer que la fuerza de voluntad, por sí sola, será suficiente. La mayoría de las personas encuestadas en los estudios citados por el artículo antes mencionado dijeron que ese fue el motivo principal por el que no alcanzaron sus metas. A ello se suman otros factores: expectativas poco realistas, cambios drásticos y metas que no se ajustan al ritmo real de la vida.

Al final, aunque el calendario cambie, la vida sigue. Las rutinas, las demandas, el entorno y demás continúan igual. El símbolo del “nuevo comienzo” no siempre coincide con la práctica del día a día. 

Pensando en esto, creo que vale la pena detenernos y reflexionar sobre algunos consejos para iniciar este 2026 (o cualquier nuevo ciclo) con más claridad y realismo, consejos que quizá nos ayuden a aumentar la probabilidad de mantener nuestras intenciones como comunidad, como familias y como iglesia.

Para ello, echaré mano de la historia del pueblo de Israel en su etapa de transición entre la esclavitud en Egipto y la tierra prometida, es decir, el desierto. Ahí, en medio de esa etapa tan humana y difícil, encuentro por lo menos tres consejos para comenzar bien el año: tres señales del desierto que pueden acompañarnos en este nuevo inicio.

Primer consejo: no emprendamos ningún proyecto sin que Dios sea nuestro guía 

“Si no vienes tú mismo, no nos hagas partir de aquí” (Éx 33:15).

El primer consejo del desierto surge de una escena profundamente humana y teológica. Moisés —de quien la Biblia dice que hablaba con Dios “cara a cara, como habla un hombre con su amigo”— pronuncia una súplica sencilla pero decisiva: “Si no vienes tú mismo, no nos hagas partir de aquí”.

Para entender la fuerza de esta petición, vale la pena recordar qué había pasado con el pueblo de Dios hasta ese momento: (1) habían sido liberados de Egipto con señales poderosas; (2) habían cruzado el mar en seco; (3) vieron cómo los carros del faraón quedaron atrás; (4) experimentaron sed y Dios les dio agua; (5) no tenían pan, y Dios les dio maná y codornices; (6) vieron brotar agua de la roca.

A partir del capítulo 20, Moisés sube al monte a recibir instrucciones de Dios, pero en el capítulo 32 ocurre una escena que conocemos bien: el pueblo, al ver que Moisés tardaba, presionó a Aarón: “Haznos un dios que vaya delante de nosotros”. Allí nace el famoso becerro de oro. El pueblo se desenfrena, la ira del Señor se enciende, Moisés baja, rompe las tablas y luego intercede por ellos.

Cuando llegamos al capítulo 33, el Señor le da a Moisés una instrucción clara: “Anda, marcha desde aquí con el pueblo… Enviaré mi ángel delante de ti… Pero yo no iré entre ustedes, porque son un pueblo terco” (Éx 33:1-3). Es decir, sigan el camino, pero mi presencia no irá con ustedes.

Para Moisés, esa idea era impensable. Él sabía lo que significaba conducir al pueblo a través del desierto. Sabía lo duro del camino, las quejas, los temores, la fragilidad humana. Por eso le responde a Dios: “Tú me dices: ‘Saca a este pueblo’, pero no me dices a quién enviarás conmigo” (v. 12), y luego añade una súplica clave: “Si he hallado gracia ante ti, muéstrame tu camino… Y si tú no vienes en persona, no nos hagas salir de aquí” (vv. 13-15).

Moisés quería la seguridad personal de la presencia de Dios, pero también que el pueblo supiera que iban acompañados. Solo la presencia del Señor podía hacerlos un pueblo distinto, un reino de sacerdotes, una nación santa. Sin esa guía, el viaje no tenía sentido. Moisés no estaba dispuesto a dar un paso sin la presencia de Dios. ¿Y nosotros?

Al iniciar un nuevo año, es válido preguntarnos: ¿cómo queremos emprender nuestro propio viaje en 2026? ¿Pensamos que basta con nuestra fuerza de voluntad? ¿Creemos que podemos cumplir nuestras metas por nuestras propias capacidades? 

La experiencia humana —y los datos que vimos antes— muestra que la fuerza de voluntad no es suficiente. Moisés ya lo sabía; por eso nos deja este primer consejo del desierto: no emprendamos un camino sin asegurarnos de que Dios va con nosotros.

Antes de planificar, programar, correr o insistir, vale la pena detenernos y decir con honestidad: “Señor, si no vienes con nosotros, no queremos partir de aquí”. Este es solo el primero de los tres consejos que el desierto nos regala para iniciar bien el año. Así como Moisés entendió que nada tenía sentido sin la presencia de Dios, también nosotros necesitamos caminar acompañados y guiados por Él. En el próximo artículo exploraremos la segunda enseñanza que nos deja el desierto.


[1]https://www.eldiario.es/consumoclaro/cuidarse/propositos-ano-nuevo-recomendable-hacerlos-resulta-perjudicial_1_9826694.html.

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