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El apóstol Pablo, en su carta a los efesios les dice: “Porque por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios” (Ef. 2:8).
¿Cuál es el don de Dios, la salvación por gracia, la fe del creyente o las dos cosas? La salvación es la obra soberana de Dios que, para ser efectiva, solo depende de la fe del ser humano. El don de Dios es, pues, la salvación, no la fe. El error de pensar que la fe es exclusivamente un don o un regalo de Dios puede llegar a ser peligroso.
Veamos por qué.
Si la fe fuera un regalo que Dios hace a determinadas personas y no a otras, ¿por qué tendríamos que evangelizar? Si el Sumo Hacedor decidió no regalársela a ciertas criaturas, ¿por qué deberíamos interferir en sus planes eternos?
Es más, ¿acaso sería posible hacerlo en contra de su voluntad? De manera que, si se cree que la fe es solo un don que Dios concede a algunos, tal creencia interferirá negativamente en nuestro testimonio personal y en la necesidad de compartir el evangelio con los demás.
Si la fe solamente fuera un don de Dios, no tendría ningún mérito tener fe. Sería algo que vendría dado a algunos, como el color de la piel, la estatura o el grupo sanguíneo.
Sin embargo, la acción de creer es meritoria puesto que se toma libremente.
El Señor Jesús dijo: “Porque si amáis a los que os aman, ¿qué mérito tenéis? Porque también los pecadores aman a los que los aman” (Lc 6:32). El mérito del discípulo de Cristo estriba precisamente en amar desde la fe a quienes le odian o maltratan.
Luego, tener fe tiene mérito porque es una determinación humana que procede del libre albedrío. La Escritura dice que “sin fe es imposible agradar a Dios” (Heb 11:6). ¿Acaso no tiene mérito agradar al Señor?
Si la fe fuera solo un don arbitrario de Dios, que se concede a unos y no a otros, no habría por qué cultivarla, fundamentarla, aumentarla o madurarla ya que siempre se tendría en la misma proporción y de forma incondicional.
Sin embargo, los apóstoles le pidieron a Jesús que les aumentara la fe (Lc 17:5), luego la calidad y cantidad de esta puede variar. También el Maestro quedó maravillado de la fe de algunas personas y esto les fue muy útil para su salvación y curación.
La fe es pues un misterioso acontecimiento del entendimiento humano y de la voluntad personal, cuando estos se enfrentan con el mensaje de Cristo.
Por supuesto, que esta voluntad de creer está movida por la gracia divina, pero depende también de la libre decisión humana.
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Este artículo ha sido publicado en este blog con permiso del autor. Su versión original fue publicada en Protestante Digital el 26 de octubre de 2025.
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