¡Juntos podemos realizar un cambio! Haz una donación hoy a Instituto CRUX CLIC AQUÍ PARA DONAR
¡Juntos podemos realizar un cambio!
Haz una donación hoy a Instituto CRUX
Los asnos son más longevos que los caballos ya que pueden alcanzar los 40 años de edad. Es decir, casi el doble que un caballo en libertad. Suelen llegar pronto a la madurez sexual, en solo dos o dos años y medio. Tienen un período de lactancia comprendido entre los 5 y 9 meses, que está ligado también a aspectos emocionales, inmunológicos y cognitivos de su desarrollo.
Los pollinos o asnos jóvenes permanecen siempre junto a su madre hasta que se produce el destete de manera natural. Son animales resistentes y adaptados a vivir en las proximidades de las regiones desérticas que, desde la más remota antigüedad (7,000 a. C.), fueron domesticados por el ser humano. Este descubrió pronto en ellos una gran utilidad como animales de carga. Los asnos pueden cargar hasta un 30% de su peso corporal.
El evangelista Mateo explica cómo el Señor Jesús ordenó a dos de sus discípulos que fueran a la aldea de Betfagé, en el monte de los Olivos, a buscar una asna y su joven pollino (Mt 21). Les advirtió que si alguien les decía algo al respecto, respondieran que “el Señor los necesita” y que luego se los devolvería. Evidentemente, solo los requería para su entrada triunfal en Jerusalén.
Desde hace muchos años, quienes dudan de la autoridad bíblica han venido diciendo que los evangelios se contradicen en cuanto al número de tales animales. Mateo habla de una asna con su pollino (Mt 21:7); Marcos se refiere a un solo pollino “en el cual ningún hombre ha montado” (Mc 11:2); Lucas indica también un único pollino (Lc 19:30); mientras que Juan escribe asimismo sobre un “asnillo” o “pollino de asna” (Jn 12:14-15).
Así pues, ¿hubo uno o dos asnos? ¿Es posible reconciliar estos relatos?
Conviene tener en cuenta que Marcos, Lucas y Juan no dicen expresamente que solamente hubiera un único animal. Evidentemente, Jesús sólo pudo montar a la vez en uno –que es precisamente al que ellos se refieren– pero esto no impide creer que la madre de este estuviera también presente.
Es lógicamente posible que el Maestro usara el pollino como cabalgadura (sobre el cual ningún hombre había montado todavía, tal como indica Marcos), y que la madre del animal caminara junto a él. Por tanto, referirse a un solo animal no prohíbe pensar que hubiera dos. Es muy probable que aquel pollino se hubiera negado a caminar si su progenitora no le hubiera acompañado.
No hay contradicción aquí sino diferentes perspectivas del mismo acontecimiento. Cada evangelista ofrece la suya en función de su conocimiento e interés narrativo. Mateo es más específico que los demás porque, al ser uno de los doce, fue testigo ocular de los hechos que está narrando, mientras que Marcos y Lucas no lo fueron y redactaron lo que otros testigos presenciales les contaron.
En este relato, Jesús y sus discípulos se dirigen hacia Jerusalén porque su verdadero destino era el templo judío. La pequeña aldea de Betfagé estaba situada tan solo a un kilómetro de la gran ciudad. El Maestro es perfectamente consciente de todo lo que va a ocurrir. No porque se hubiera puesto de acuerdo antes con el dueño de los asnos sino porque su divinidad le califica para dicha omnisciencia.
Mateo recuerda que en esta entrada triunfal en la ciudad santa se cumple la antigua profecía de Zacarías: Alégrate mucho, hija de Sion; da voces de júbilo, hija de Jerusalén; he aquí tu rey vendrá a ti, justo y salvador, humilde, y cabalgando sobre un asno, sobre un pollino hijo de asna (Zac 9:9). Jesús no monta un brioso caballo, que era símbolo de poder y beligerancia, sino un pacífico pollino. Trae la paz, la afabilidad, la dulzura, la humildad y la no violencia.
El pueblo le aclama y pone mantos o vestidos y ramas en el suelo para que la cabalgadura de Jesús camine sobre ellos, como el gesto de homenaje que se hace hoy con las alfombras rojas de tantos mandatarios que no lo merecen. Hay júbilo y alegría porque el Hijo de David entra como Mesías en la ciudad santa de Jerusalén. Aquellas gentes y los primeros lectores del evangelio de Mateo saben que Jesús sanaba enfermos del pueblo de Israel y que, por tanto, su carácter era amistoso.
Sin embargo, Mateo explica que “cuando entró en Jerusalén toda la ciudad se conmovió, diciendo: ¿Quién es este?” (21:10). Esta palabra “conmovió” es la misma que se usa para referirse a un temblor de tierra. No es que ocurriera ningún terremoto sino más bien una sacudida emocional en los dirigentes políticos y religiosos, producida por el temor.
Es el mismo miedo o turbación que se produjo cuando nació Jesús (Mt 2:3) y también el que experimentarán más tarde los guardias de la tumba de Jesús, al descubrirla abierta y vacía. Se trata del desasosiego que provoca la trascendencia en toda alma humana. Es la eterna pregunta ante el Hijo del Altísimo: ¿quién es este? Aquellos que aclamaban a Jesús parecían reconocerlo como el profeta de Nazaret enviado por Dios.
Sin embargo, paradójicamente, esas mismas personas gritarán poco después: ¡crucifícale! ¡crucifícale!… Las contradicciones humanas no parecen conocer límite. El ser humano es así. Se deja llevar siempre por los intereses de los distintos dirigentes sin reflexionar en profundidad acerca de la conveniencia de lo que éstos proponen. Los líderes judíos tenían en mente planes homicidas contra el Maestro galileo pero no se atrevieron a apresarlo por miedo al populacho que le aclamaba.
Finalmente, Jesús llega a su meta –el hogar del Padre; el templo de Jerusalén donde se le adoraba; la casa de oración convertida en cueva de ladrones– para echar fuera a mercaderes y cambistas, pero también para sanar a ciegos y disminuidos.
El Hijo de Dios vino a purificar nuestra relación con el Padre y a proporcionarnos sanidad definitiva. El reino de Dios en la tierra había comenzado y, para todo ello, Jesús se sirvió de dos humildes animales prestados: una borrica y su joven pollino.
* Este artículo ha sido publicado en este blog con permiso del autor. Su versión original fue publicada en Protestante Digital el 07 de diciembre de 2023.
Primera parte de una serie sobre el aborto y el no nacido: una reflexión bíblica y cultural sobre el llamado de la iglesia a defender la vida.
La higuera maldecida por Jesús invita a reflexionar sobre la fe auténtica y revela una poderosa enseñanza bíblica: Dios busca frutos de justicia y fidelidad, no solo apariencia religiosa.
¿Cómo respondería Jesús ante el #8M? Una reflexión sobre justicia, dignidad femenina y el llamado cristiano a caminar con compasión y discernimiento ante el dolor.
Jesús y las mujeres: un patrón intencional en los Evangelios que dignifica e incluye a la mujer y revela el corazón de Dios hacia ella.
Una reflexión cristiana sobre el 8M que propone discernir, afirmar la justicia para la mujer y rechazar lo contrario al evangelio con verdad, gracia y valentía.
El 8M más allá de ideologías: una mirada histórica y crítica sobre trabajo, dignidad humana y el papel de la mujer en el progreso social.
Después de cinco temporadas y una década de historia, Stranger Things[1] no es solo un fenómeno de nostalgia de los años ochenta; se ha convertido en un espejo de las
Tanto el Antiguo como el Nuevo Testamento, conciben al hombre como la finalidad principal de la creación. Solo del ser humano, a diferencia de cualquier otro ser vivo, se dice
La comercialización justa, desde Deuteronomio 25:13-16, revela principios bíblicos de integridad, justicia y responsabilidad comunitaria aplicables al mundo actual.
El desierto revela lecciones clave para la vida cristiana y esenciales para el 2026: evitar el pecado, caminar en comunidad y confiar en las promesas de Dios frente a los desafíos.
¿Es la fe un don divino o una decisión humana? Este artículo reflexiona sobre el equilibrio entre la gracia de Dios y la libertad del creyente al creer.
Ni tres, ni reyes, ni magos como imaginamos. Este artículo revela el verdadero origen histórico de los visitantes de Oriente y su mensaje eterno de adoración a Cristo.