
Pornografía: la pandemia silenciosa, parte 1
La búsqueda constante de novedad y la falta de un limitador biológico, frente al deseo de recompensa, provoca que la pornografía se vuelva una adicción.

La búsqueda constante de novedad y la falta de un limitador biológico, frente al deseo de recompensa, provoca que la pornografía se vuelva una adicción.

El que lee, piensa. El que piensa, pregunta. El que pregunta, aprende.
El que aprende, enseña.

Algunas iglesias cristianas actúan para frenar los avances de la política pública contra la violencia ya que, lastimosamente, los temas de género que promueve la cooperación internacional se han confundido con las ideologías de género.

La oración es un diálogo franco y sincero con nuestro Padre Celestial, es la expresión más viva de la relación que el creyente puede tener con Dios y por ello, como sostiene R. C. Sproul, “cuanto más entendemos la soberanía de Dios, nuestras oraciones son llenadas con agradecimiento.

En los Estados Unidos de América, dentro del marco de un desplome generalizado de la vida en familias nucleares…el cansancio se evidencia en la fe religiosa de muchos hoy y de la desorientación cada vez más generalizada sobre nuestras respectivas identidades sexuales que tantos ahora pretenden sublimar bajo los términos embusteros del “orgullo gay”.

La posibilidad de dar sentido a la vida no depende del padre que obliga al hijo cumplir con sus sueños, sino del padre que, a pesar de sus errores y aciertos, le dice al hijo que es posible dar sentido propio a su vida.

No podemos olvidar que la esencia de nuestra moral se fundamenta en esa Revelación divina. Por tanto, estudie, enseñe y viva la Palabra de Dios como base de su disciplina espiritual.

Siempre he procurado estar atento a los vaivenes más profundos de la actualidad, y por cierto la mayoría de las veces me han deprimido. Pero en otras escasas ocasiones me han alentado y me han devuelto la fe en nuestra común humanidad como ahora.

La ira puede destruir la comunicación, romper las relaciones y arruinar tanto el gozo como la salud de muchos. Lamentablemente tenemos la tendencia de justificar la ira, en vez de aceptar nuestra responsabilidad.

La persona que participa del reino es la que sabe que en sí misma no hay nada; ni su propia vida como tal tiene valor para gozar del reino inaugurado por Jesús. Es aquí donde está la gran paradoja del reino… el que no tiene nada, le pertenece todo.

El Salmo 80 nos debe hacer pensar que la manifestación de la presencia de Dios y su omnipresencia no son lo mismo. Dios está presente, aunque no se lo pueda percibir. Su “guía” (1), “salvación” (3, 7, 19), “cuidado” (14), “apoyo” (17) en la vida del creyente no dependen de grandes despliegues de poder.

Pero lo peor nos sobreviene cuando basados exclusivamente en tales corrientes muy probablemente falseadoras de la verdad juzgamos, condenamos y hasta a veces absorbemos o justificamos hechos y actitudes reprensibles de otros y aun de nosotros mismos.