
¡El nacimiento que cambió la historia!
Muchas veces podemos idealizar el pesebre y tener una idea pintoresca del nacimiento de Jesús, cuando en realidad fue una manera vulnerable su entrada a este mundo y no menor la forma como se fue del mismo.

Muchas veces podemos idealizar el pesebre y tener una idea pintoresca del nacimiento de Jesús, cuando en realidad fue una manera vulnerable su entrada a este mundo y no menor la forma como se fue del mismo.

En esta navidad consideremos la revelación de Dios en este mundo, que nos abramos a su llamada desde el pesebre y correspondamos a su llamada al estilo de María: He aquí tus siervos, haz con nosotros conforme tu Palabra.

Para poder entender, disfrutar, construir y mantener la unidad, el miembro de la comunidad, después de la resurrección, debe comprender cuál es su nueva realidad como seguidor de Jesús.

Cuando un cristiano se enfoca solo en él mismo, decide voluntariamente rechazar el regalo de servir, amar y convivir para la gloria de Dios.

El cristianismo no elimina el ejercicio filosófico, sino que lo intensifica a la luz de la Revelación, pues, mientras más se teologiza, más se filosofa.

La reforma protestante es el eterno retorno de los espíritus libres, de los herejes por la causa de la verdad, de la fe ante la razón, de la Palabra contra las interpretaciones y del hombre ante Dios.

A 505 años de la reforma protestante: Con el pasar del tiempo, la Reforma Protestante trajo consigo una brisa fresca de libertad de conciencia y acceso directo a la Palabra de Dios. Lo que se vio reflejado en el desarrollo de una visión bíblica: del trabajo, de las ciencias, de la educación, de la supremacía de la ley, del servicio público y la división de poderes, de los bienes materiales e inclusive del arte.

El que lee, piensa. El que piensa, pregunta. El que pregunta, aprende.
El que aprende, enseña.

La oración es un diálogo franco y sincero con nuestro Padre Celestial, es la expresión más viva de la relación que el creyente puede tener con Dios y por ello, como sostiene R. C. Sproul, “cuanto más entendemos la soberanía de Dios, nuestras oraciones son llenadas con agradecimiento.

No podemos olvidar que la esencia de nuestra moral se fundamenta en esa Revelación divina. Por tanto, estudie, enseñe y viva la Palabra de Dios como base de su disciplina espiritual.

La ira puede destruir la comunicación, romper las relaciones y arruinar tanto el gozo como la salud de muchos. Lamentablemente tenemos la tendencia de justificar la ira, en vez de aceptar nuestra responsabilidad.

La persona que participa del reino es la que sabe que en sí misma no hay nada; ni su propia vida como tal tiene valor para gozar del reino inaugurado por Jesús. Es aquí donde está la gran paradoja del reino… el que no tiene nada, le pertenece todo.