Destructor de los dioses: apologética en tiempos difíciles (segunda parte)

    “No otros dioses: cultura en tiempo de guerra” era el nombre de la conferencia que C. S. Lewis dictaba un domingo 22 de octubre de 1939, un título muy desafiante y peculiar para la época. El punto era este: “Abandonar ilusiones optimistas sobre nosotros y el mundo; el realismo ha vuelto a reinar, vemos la clase de universo en el que hemos vivido y tenemos ahora que entendernos con él”[1]. Lewis planteaba que la confianza puesta en el hombre se estaba desmoronando y los acontecimientos que vivían era la prueba de ello.

    K. Chesterton, conocido como “el príncipe de las paradojas”, afirmaba: “Cuando el hombre deja de creer en Dios necesita creer en todo”. También afirma: “El problema con el cristianismo no es que se haya probado concluyendo que era difícil, sino que, se vio difícil y se dejó sin probar”.

    En la entrada anterior vimos ciertos argumentos que en su conjunto nos pueden llevar a una conclusión: Dios existe. Pero ¿es esta la única vía para llevar a un ateo a esta conclusión? ¿Qué más podemos hacer? Quiero aclarar que no me interesa entrar en la discusión de si nuestra propuesta apologética debe ser evidencialista, clásica, presuposicionalista etc., más bien, quiero enfatizar que no solo se pueden usar argumento de carácter científico filosófico, también podemos usar algo más coloquial y común, (aunque no dejaría de ser filosófico). Propongo hacer una apologética desde el testimonio y la narrativa. Quizá sea muy aventurado de mi parte llamar a esto una “apologética situacional”, donde podemos integrar diversas áreas y diversas técnicas para hacer apologética, esto por su puesto está sujeto a discusión.

    Realidad en la que vivimos

    Alisther McGrath tiene una amplia gama de libros interesantes y novedosos para la apologética. Él aborda en sus escritos estos tres aspectos importantes a considerar para conocer la realidad. Existen:

    Múltiples mapas de la realidad, es decir, existen diferentes perspectivas y puntos de vista que nos ayudan a conocer otras perspectivas de la realidad que no podríamos ver si solo analizamos desde un ángulo.

    Múltiples niveles de la realidad, con esto quiere decir que la realidad por su complejidad debe ser analizada y explicado a diferentes niveles, por ello tenemos diferentes especializaciones en los campos de estudio, lo que nos permite dar una explicación integral. La biología nos da un análisis diferente de la sociología, sin embargo, ambos plantean niveles verdaderos de la realidad.

    Múltiples relatos de la realidad, nos expresamos por relatos, veamos las posturas científicas o religiosas expresan sus dogmas por medio de relatos, la religión, no nos puede decir la distancia entre la tierra y la luna, así como la ciencia no nos puede dar el sentido de la vida.[2]

    Al darnos cuenta de esta forma en la que se presenta la realidad tendremos que reconocer que el ser humano está dotado no solo de herramientas externas, técnicas, métodos, también contamos con facultades propias del ser que nos permiten abordar dicha realidad.

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    Somos seres que interpretan[3]

    Debemos recordar que el mundo actual nos presenta muchos contextos, contenidos y relaciones que debemos interpretar y lo hacemos cada día. Sin esta interpretación prácticamente estaríamos ajenos al mundo y a los demás seres humanos. Pero, al interpretar, tenemos esa “apertura al mundo”.[4]

    Esta apertura nos permite tener una interacción con el mundo para habitar y movilizamos en él y hacer uso de sus recursos. Nos permite una interacción y relación con los demás seres humanos. Además, esta interpretación nos permite conocer a Dios, por medio de esa apertura al mundo o como dice la Biblia “por medio de las cosas creadas”, también por medio de su palabra como revelación especial, y por medio de su revelación en Jesucristo.

    Así que, ya que somos seres que interpretan, la narrativa juega entonces un papel importante en la apologética.

    Somos seres que narramos

    Lewis y Tolkien coincidían en que en la antigüedad los sabios al enseñar valores no hablaban de ética y estética, de la axiología como división de la filosofía. Mas bien, contaban historias, unas de hombres y mujeres valientes que inspiraban a hombres y mujeres que se envalentonaban y regresaban a sus hogares queriendo demostrar su valor.

    En dos sentidos el evangelio también es una narrativa: en el sentido de hablar del amor de Dios y su expresión en la encarnación por medio de Jesucristo, siendo este nuestro valiente salvador (también vemos en los evangelios a Jesús como un excelente narrador), quien se enfrenta a las fuerzas del pecado y la maldad y resulta victorioso. Y también en el sentido de ser una narrativa que nos muestra un aspecto de la realidad en la que vivimos y esto claro está sujeto a interpretación para luego poner en práctica.

    Apologética desde el testimonio

    El punto es el siguiente y quiero usar palabras de Paul Ricoeur: “El testimonio da algo que interpretar”.[5] Si esto es cierto entonces nuestro testimonio, no solo personal sino comunitaria, es visto por nuestro grupo social, nuestra comunidad, nuestro país. Esto provocaría una reacción en ellos y puede ser a manera de pregunta: ¿cuál es la razón de la esperanza qué hay en ti? Este sería la Apologética desde el testimonio: despertar a las personas y provocar estas dudas. Una vez realizado esta pregunta ¿Cómo respondemos?

    En el camino estas preguntas tomaran diferentes formas ya que habrá un choque de narrativas y niveles de realidad que se enfrentan para responder ¿cuál es la narrativa que explica mejor la realidad? Preguntas sobre origen, significado (propósito), moralidad y destino surgirán y serán respondidas desde una Apologética narrativa.

    Nuestro cristianismo viene a ser el centro de equilibrio donde los mapas, niveles y relatos encuentran su sentido, sin que los demás niveles como la ciencia y la filosofía (por ejemplo) sean desechados, más bien, los integramos. Dios es el sentido de la realidad porque él mismo es el paradigma de la realidad y por lo tanto de la verdad. Entonces, la teología (fe) florecerá en los áridos campos de la ciencia y filosofía redimiendo así todo lo demás.

    Este, como verán no es un manual de apologética, tal cosa no existe a mi punto de vista, no uno completo y exhaustivo. Solo es una nueva forma de traer respuestas cuando la duda no viene solamente desde un punto “racional o científico”. La humanidad no necesita otros dioses, por lo tanto, nuestra apologética en estos tiempos difíciles debe ser un destructor de esos dioses. Reconozco que hace falta mucho que decir al respecto, pero aquí es donde iniciamos.

    Al final nuestro propósito será provocar que las personas vengan a los pies de Cristo y digamos juntos, así como Balín refiriéndose a su rey Thorin, en el Hobbit: “Ahí está uno al que puedo seguir. Ahí está uno al que puedo llamar Rey”.


    [1] Alister McGrath, C. S Lewis, su Biografía (Madrid: Rialp, 2014).

    [2] Alister McGrath, La ciencia desde la fe (España: Espasa Libros, 2015).

    [3] Jorge Ostos y Saul Sarabia, Reteniendo lo bueno: Saqueando los tesoros del posmodernismo (Oregon: Kerigma, 2020).

    [4] Wolfhart Pannenberg, El hombre como problema (Barcelona: Herder, 1976).

    [5] Paul Ricoeur, Fe y filosofía: Problemas del lenguaje religioso (Argentina: Almagesto-Docencia, 1994).

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