
La fe ¿don o mérito?
¿Es la fe un don divino o una decisión humana? Este artículo reflexiona sobre el equilibrio entre la gracia de Dios y la libertad del creyente al creer.

¿Es la fe un don divino o una decisión humana? Este artículo reflexiona sobre el equilibrio entre la gracia de Dios y la libertad del creyente al creer.

¿Qué es más importante? ¿Escuchar las palabras de Jesús o servirle? ¿La escucha de la palabra de Dios o la diaconía cristiana (servicio)? En el Evangelio de Lucas encontramos la historia de dos hermanas: Marta y María. Este relato solo aparece en Lucas y, aunque es breve, es muy complejo

Lo más importante que una mujer aporta en esta tierra, no es su belleza, su feminidad, o su capacidad de tener hijos o hacer las labores del hogar, sino su comprensión y praxis de lo que significa ser imagen y semejanza de Dios.

El pesebre simboliza la humildad y la presencia transformadora de Dios en el mundo. En Jesús, la divinidad rompe barreras, llenando espacios sencillos de significado eterno. Su nacimiento nos invita a redescubrir lugares olvidados como escenarios de paz y esperanza. Desde el pesebre, el Reino de Dios ilumina la humanidad.

Un llamado a la devoción: amar al Señor. Marta es el mejor ejemplo que poseemos de la correspondencia a la llamada del Señor Jesucristo.

La literatura es un manifiesto contra todo sistema dogmático que interrumpe el ejercicio de la libertad, la justicia, el amor y la educación.

Fuimos llamados a enseñar a otros a estar parados al pie de la cruz y contemplar con gratitud el sacrificio del Señor desde nuestros campos de enseñanza.

Mientras la vida se puede presentar como una lucha continua contra la muerte, Dios es quien hace el milagro de la victoria.

En esta navidad consideremos la revelación de Dios en este mundo, que nos abramos a su llamada desde el pesebre y correspondamos a su llamada al estilo de María: He aquí tus siervos, haz con nosotros conforme tu Palabra.

Cuando un cristiano se enfoca solo en él mismo, decide voluntariamente rechazar el regalo de servir, amar y convivir para la gloria de Dios.

En el nacimiento de Cristo no solo nos relacionamos con él, sino que su nacimiento revela a todo naciente que venir al mundo sigue siendo una alegría y gozo. Y en este viviente se posibilita a todo hombre “nacer de otro modo”: nacer de Dios.

¿Qué es lo que nos motiva a anunciar un nuevo orden mundial con tantas teorías de conspiración que circulan ahora? ¿Infundir miedo a la gente? ¿Anunciar que ya comenzó la tribulación? ¿Apresurar la venida del Señor? El verdadero nuevo orden mundial, cósmico y universal se llama Reino de Dios, y ya está entre nosotros (Mt 12:28; Mr 1:15)