
A la sombra del Galileo
La cruz, tanto para Jesús como para nosotros, implica sacrificio. Su sacrificio es nuestro perdón y salvación, nuestro sacrificio es seguimiento.

La cruz, tanto para Jesús como para nosotros, implica sacrificio. Su sacrificio es nuestro perdón y salvación, nuestro sacrificio es seguimiento.

Toda especulación y todo razonamiento se debe a la obediencia a Cristo.

La victoria de Cristo en el Getsemaní y en la cruz muestran en la resurrección el realce total y el poder victorioso sobre los poderes de este mundo.

Cristo se ha acercado a nuestra soledad entregando su vida. Y solo basta nuestra fe para recibir su compañía.

Jesús hace uso de las Escrituras del Antiguo Testamento como fundamento de su obra y enseñanza.

El amor fraternal y generoso entre las personas es una característica del reino de Dios y parte del cuidado y la provisión de Dios para con sus hijos.

Las mujeres tienen un aporte valioso que dar y en muchos aspectos encarnan de forma natural los valores del reino de Dios.

Una vida de santidad no se logra apegado a la pornografía, se logra apegado a Dios como base fundamental.

Entre la equidad hombre-mujer, parte 2: Es importante que la iglesia sea responsable dentro de su gobernanza, la apertura y promoción para la participación equitativa de mujeres y hombres.

La oración es un diálogo franco y sincero con nuestro Padre Celestial, es la expresión más viva de la relación que el creyente puede tener con Dios y por ello, como sostiene R. C. Sproul, “cuanto más entendemos la soberanía de Dios, nuestras oraciones son llenadas con agradecimiento.

En los Estados Unidos de América, dentro del marco de un desplome generalizado de la vida en familias nucleares…el cansancio se evidencia en la fe religiosa de muchos hoy y de la desorientación cada vez más generalizada sobre nuestras respectivas identidades sexuales que tantos ahora pretenden sublimar bajo los términos embusteros del “orgullo gay”.

La persona que participa del reino es la que sabe que en sí misma no hay nada; ni su propia vida como tal tiene valor para gozar del reino inaugurado por Jesús. Es aquí donde está la gran paradoja del reino… el que no tiene nada, le pertenece todo.